viernes, 19 de diciembre de 2008

Las decisiones son sin garantías.

Las decisiones son sin garantías.

Así como suena. Es una frase prestada bastante efectiva (siempre admiré a quienes tienen esa capacidad de síntesis). Las verdaderas decisiones no pueden tener garantía de nada, tienen que hacer llamado a la no existencia de la posibilidad, de la condición o de la permanencia. Una decisión con garantías, asegurada, es mero conformismo narcisita (a riesgo de caer en lo obsesivo), una ilusión de decisión que le permite a uno seguir dudando, mantener la espera y el deseo inalcanzable pero a mano. La decisión es una escisión camuflada con una “d” para distraernos del riesgo, para mantenernos velados, dormidos, insatisfechos sin llegar a estar incómodos.
Ahora bien, no hay que confundirse. La decisión plantea un momento, un intervalo particular que desemboca en el acto o en el no-acto. Y aunque logremos el acto, aún sin garantías, estamos lejos de realizar una hazaña.

Podemos intentar hacer uso de la abstracción (capacidad muy venida a menos) e imaginarnos una cadena de pasos, un camino. Son los mismos pasos de siempre, son iguales y por dejar de ser uno y estar unidos, son distintos. Pero siempre es la misma cadena de pasos, que hasta pareciera no seguir una línea recta, sino más bien, constituir un círculo. La decisión hace dar un paso ambiguo en el que el siguiente define la ruptura (o no) del círculo. Si hay garantías, si existe la seguridad, entonces el paso extiende un poco más la trama del círculo, dando la sensación ilusoria de apertura. El tiempo no cuenta porque es inexistente, pero podemos hacer un nuevo intento de abstracción e imaginarnos el momento siguiente en el que el círculo vuelve a aparecer, volviendo a la insatisfacción (finalmente no tan despreciable) soportable. Esa es una decisión falsa.

La decisión tomada sin garantías conlleva al acto. O casi.

El acto es el momento en el que dejamos de ser para ser otro: distinto y sin vuelta atrás. El acto necesariamente emerge cuando dejamos de pensar (o de hablar). Si hay acto no hay pensamiento, no hay lenguaje en juego y eso necesariamente lleva a no ser. Somos efecto del lenguaje, y si no hay lenguaje sino acto, dejamos de ser un instante, para ser de otra forma. Pero el acto no es una hazaña, por más esfuerzo que lleve. Porque una hazaña es lo que hacen los héroes. Y cuando uno es héroe, lo es por el veredicto con el que lo juzgan los otros. Uno realiza una hazaña cuando todo lo que hace es acorde al deseo de los otros (del Otro). El acto no posee legalidad. El acto es ponerse inmediatamente delante de uno, ahí donde está el deseo. Ahí está la motivación: ir tras el deseo… y alcanzarlo. Alcanzarlo a costa de todo y de todos, romper la legalidad de nuestro universo simbólico y sufrir la angustia consecuente.

Por eso las decisiones nunca son fáciles. Porque lo que está en juego es el deseo de uno. Y uno en las dos posibilidades: como uno mismo o como ese otro. Porque no podemos ser uno sin ese otro que cierra y estabiliza la barrera imaginaria que nos hace decir “yo”.

Claro está que también existe la posibilidad de mirar desafiante al deseo, parado sobre la valentía de la decisión, y luego bajar la mirada y volver al círculo. Pero esta vez, un poquito más insatisfechos.

martes, 28 de octubre de 2008

Carta abierta

Vos no te das una idea de todo lo que cambió mi vida desde que te conocí:

Había perdido las esperanzas en lo que respecta a muchas cosas. No veía todos los colores, tenía los sentidos dormidos. Me costaba llorar desde el alma, y ni hablar de tener esos sueños enormes, los mismos que hoy me inflan el pecho de ternura.

La primera vez que te vi, me di cuenta de lo hermosa que eras a distancia, de lo bien que le quedaba a la noche estar salpicada de vos. Y tu sonrisa se llevaba todos los aplausos, y tus vestidos, lo poco que me quedaba de cordura. Y por suerte rompimos dos costumbres: Yo la de mirar sin decir nada, vos la de no mirarme y decirme todo. Porque si me parecías hermosa desde lejos, cuando te fui conociendo al detalle, caí en la cuenta de que nunca voy a escapar de tu cuerpo (tampoco intentaría hacerlo); y el sentirme espectador de cada centímetro de tu figura, es estremecerse, quiebre y nuevo círculo, deseo y entretiempo, camino y destierro.

Si bien es verdad que descreo del orden divino, que reniego de una vida predeterminada, que me siento irresponsable y aventurero contra todo; siempre algún suceso se presenta, se saca la galera, saluda con una perfecta instrucción inglesa, y me patea el tablero a la mierda: Ahí es donde aparece, justo cuando mi boca suelta el grito de rechazo al compromiso por tiempo indefinido, y le digo a mi sensibilidad que voy a comprar puchos, para no volver nunca.

Aparece, decía, y me cierra la boca, me golpea y me obliga a reaccionar (“-No ves que lo que decís no tiene ni pies ni cabeza? Haceme un favor: No digas nunca más eso, y llename de besos”). Entonces no digo más que quiero estar solo porque no soporto una compañía seria. Y tampoco pienso que sería mejor escaparle al compromiso porque nadie me escucha.

Y vuelve la vida. Impactan los colores hacia una nueva visión de las cosas. Y me asusto al encontrar lo que siempre me pareció una utopía más, de las que dejo que me pueblen. Sino con quién escucharía Better sintiendo cómo se arruga el alma? Quién va empapelar mi vida de sueños, de notas de marfil, de poemas esculpidos, de polleras morochas, de voces nacaradas, de cuentos inconclusos, o de historia del arte?

Y es tan fácil darse cuenta de que no son más que preguntas retóricas. Solamente hay una mujer en mi vida que puede hacer todo eso, y encima dormir conmigo y prestarme los pechos más hermosos de la tierra, para besar y perfumar mis fantasías. La única que disfruta reírse conmigo, pariendo carcajadas tan irrepetibles como tiernas, tan llenas de luz…

Con tanta brisa verde, lo único que hay que soportar es el miedo extraño a que todo sea tan perfecto. Porque nunca aprendí de amores que sin dejar de serlo, se sientan como dolor profundo todo el tiempo. Con vos es todo tan distinto, que cuando no estás el mundo es horriblemente enorme, y la soledad te apura en cada esquina.

Y no puedo hacer otra cosa, más que darte eternamente las gracias por hacer de una persona peligrosamente triste, esto que ahora te escribe, te habla, te besa, te come, te siente, te escucha, te muerde, te relame, te fantasea, te persigue, te acaricia, te duerme, te cuenta y te llora.

viernes, 24 de octubre de 2008

IV

El desgarro perfecto,
la marea,
el sueño en vida
de un color perdido.

El brillo inconsciente de
mil espejos
deshaciéndose en gotas
sobre el cuerpo desnudo,
Perdiendo el nombre
entre ecos y matices
sin control,
en un giro eterno de ruegos
salvajes.

El alma en escala
de grises,
los poros cansados
de gritar,
y un último suspiro
entrecortado
que carcome el sabor
de la luna nueva.

domingo, 5 de octubre de 2008

Inventario

De risas de arena partida,
de envolturas acarameladas
por el desgaste del tiempo,
por efecto de un silencio
amedrentado por los efectos
ciegos de una servidumbre errada,
por los siglos de los siglos
sin fe.

De matices a construir
entre las veredas azules
y las verdades negadas,
por el destierro ecuestre,
por las horas destinadas,
temidas, desmentidas,
atinadas, salvaguardadas,
sincrónicas, egodistónicas,
perennes, silbadas,
tonificadas, adversas,
construídas, desmemoriosas,
artilúgicas, atravesadas,
tuyas, no-tuyas, no-nuestras,
permeables, silábicas,
enteras o encontradas.

De acuarelas hilbanadas
previas al paso de los ciegos
por el mundo.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Complementariedad

Me busca, me encuentra, me sabe, me pierde. Desdibuja los contornos de todo lo que creía encontrado, para defender la máxima expresión del esoterismo pictórico neo-adolescente. Entra entre impactante e impactada, y todos los sucesos armónicos descansan al pie de su sombra-tormenta. Avanza, descascara, vela y enternece. Sube hasta el último escalón espiralado y mira desafiante. Y aunque busque una y otra vez envolverse en todos los matices del gris menos vívido, aunque intente desenvolverse del mundo cada vez más guardada entre sus hombros, aunque esconda y reformule el nhilismo desde una nube fatalista de no-sueños desplegados sobre un mantel diminuto, aunque le pesen las ganas al punto de anclarse y cerrar los párpados en un intento de simbiosis frente al ojo magnánime huracanado; crece en forma desmedida a riesgo de estallar y acabar con todo, pero se detiene tenue bordeando la coyuntura entre los versos huérfanos y una piedad lumínica (su sombra devuelve el calor de los árboles sin rostro que alguna vez poblaron la tierra).
Imposible volver a ver con otros colores el cielo cuando ella se convierte en el significante que regula la presencia o ausencia de los fantasmas eternos de las historias pasadas.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Sobre los encuentros

Florecen de tus dedos
las manos,
el increíble canto
a la piel,
y más de una mentira
disimulada.

Hay un encuentro
que de prohibido
se posterga,
y dos amantes
que no saben cómo
hacer para apagar
el deseo.

Se lloran en secreto,
se unen y se desarman,
se miman con palabras.

Se creen poesía aunque
no lleguen al tercer verso
sin sacarse la ropa,
y menos a escuchar
el grito sin sentido
de la conciencia moral.

Atacan desde la pluralidad
de la noche
a todo dique del orden
de la conciencia,
Se regalan un instante
de energía liberada
lejos de las formalidades
de la vida.

Y llegan más lejos
que cualquiera de nosotros,
que somos el público tímido
de una celebración,
en el encuentro lascivo
de dos almas perdidas.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Revelación

Desconocida te busco. Hace más de mil encierros que nos venimos encontrando sin caer en la hondonada arbórica que recubre las camas de los que todavía tienen alma (nosotros lo hemos perdido todo). Intento constante de sensibilizar hasta el último goce de tu frente gastada, tu corola perlada, tu nítido instinto sabor a cielo resquebrajado. Pulo las aristas inconclusas antes de que cicatricen en tu vientre (no nos podemos callar). Dibujo arena serpenteante apilada egocéntrica en tu “no” críptico (nunca nos permitimos creer en el tiempo). Invierto las últimas gotas volcadas en columnas de bruma hasta reventar el cuello apretado a los párpados. Canto siréncio, murmullo violáceo, óleo diluído (las muñecas no se maquillan). Sellamos el pacto, perdimos todo. Nunca antes (en la historia del mundo) ha existido decisión tan deliciosa, nacarada y perfecta como la que tomamos nosotros.

Ocasión

Luna toda
hiper real sigila subarbórea
soli-nítida de mar marmolada
con sus no se sin saber sabiendo suspiros satinados
ebanística sien siendo poder ignífugo diluvea
lluvia aerosombra de inocencia inacabada
paz salada de viento ser

miércoles, 13 de agosto de 2008

Poligamia de Almohadas II

Hay una luz amarilla, tenue, cansada, que explora los límites corrosivos de los cuerpos en calma. La cama está deshecha como siempre. El humo es añejo y oblicuo, insiste hasta pegarse en la piel, inundando por completo los poros, invadiendo la intimidad agotada con las caricias del insomnio.

- Apenas soporto su presencia.
- Sin embargo la invocás todo el tiempo...
- Ella viene sola. Siempre viene sola. Y cuando empiezo a resignarme y a disfrutar el dolor de su imagen trepándose por mis hombros, desaparece.
- Quizá no quiere que la alcances.
- Nunca lo quizo.
- Me intriga saber si a ella le pasa lo mismo cada vez que se acuesta con otro. Si no puede dormir, si fuma hasta llenar la pieza con vestigios de su vida, si empapela las sábanas con melancolía mientras espera en silencio por horas que la puerta se abra y entres vos.
- Me encanta que me conozcas tanto sin saber nada de mi.

Los ruidos intermitentes de los colectivos y un tren lejano, componen las única serenata romántica que justifica el telón a tanto teatro. Teatro de lo patético, y por ello, simplemente hermoso.

sábado, 2 de agosto de 2008

Despierto

Mejor te regalo un sueño.
Si no hay futuros ni fantasmas,
y la sonrisa indiscreta nace y ocupa todo,
y sos puro sol.

Dejame envolverte conmigo
aunque no nos protejamos de nada
y sean todos roces.
Y te pierdo,
y me buscás,
y nos encontramos ahí, en
el medio del deseo.
Y cerramos los ojos,
y el desgaste se forma entre guiños.
Te invito a jugar,
y a deshacer cuentos de hadas.

Así podemos celebrar
juntos lo efímero de la inocencia...

viernes, 18 de julio de 2008

Inacabado

Se cruzan de golpe. La calle es oscura, con la magia única que se escapa de los adoquines de las calles de recuerdos, que San Telmo sostiene sin esfuerzo, como a los pasos de la historia.
Los detalles lo inundan todo. Es una noche atípica para los tiempos que corren, y los sueños se quedan casi al ras del suelo, como un vapor denso que no nos deja ver más que lo que quiere el deseo.
Y no son más que dos miradas sorprendidas, puro ojos. Ojos enormes. Ojos inmensos. Ojos que arañan los pocos segundos de encuentro, para conocerse, invitarse y devorarse, cuando solo compartieron unos pasos.
Ella es morocha, desbordante, inmensa; incapaz de terminar de levantar el brazo para acomodarse el flequillo. No puede ni siquiera parpadear. No hay tiempo, noy hay nada. Todo se congela como grabado en un verso que nadie va a leer nunca. Se conmueven los ruidos. Se despliegan los guiños enlazados, que los dibujan los cuerpos que imaginan los sentidos.
El impacto es un nido de sabores robados. Hay manos que empujan a un diálogo improvisado que no va surgir nunca. Hay ecos de vida que se relamen en la hojarasca. Hay cielo. Todo el cielo que necesiten.
Él la descubre. Casi no puede contra el día. Apenas levanta los pies, mientras maldice sin tregua a la inclinación desfavorable de una cuadra empinada, a las baldosas ajadas que son trampas de lluvia, y al no fin de su día de mierda.
Pero la vé. Justo cuando levanta la cabeza para putear al viento.
Ella sigue hermosa. A él se le vuelcan las caricias que nunca van a ir más allá de sus manos. El tiempo que no le alcanza nunca, le regala un guiño pasajero. Son solamente unos segundos. Pero de esos segundos que no terminan de pasar, y se estiran sin quebrarse, como la gotas de agua que se escurren en calma, con un avance precipitado, con una caída serena.

jueves, 19 de junio de 2008

Fragmentos II

Recorreme, pero recorreme sin saber a dónde ir. Tanteá las paredes a las que el tiempo no respeta, pero que no sea para guiarte. Cada grieta esconde una historia, y cada historia es un nuevo renacer de tormenta. Cambiá los pasos por giros. Internate o sofocame. No hacen falta las señales porque cada sendero es capaz de transitarse solo una vez, y al mirar atrás nunca se ve nada. Solamente lluvia que aterciopela los ojos hasta cerrarlos. Destruí con tus pisadas cada mundo soñado. Las letras están en el aire. Los signos te cubrieron el cuerpo. Los años se perdieron. La luna espera el momento mudo en el que el mundo arda y todos los silencios se incendien hasta trepar por las ramas. Que llegen alto. Que bailen. Que todo se cubra de cenizas. Que las brasas no sueñen. Y que nadie respire intentando despertar.

martes, 17 de junio de 2008

Poligamia de Almohadas I

Ella se da vuelta y cae de espaldas, rendida, sobre el borde derecho de la cama.
Él Tantea en la oscuridad hasta encontrar la mesa de luz, los puchos y el encendedor de plástico. Trata de dibujar su contorno en la penumbra. Se enrosca en las sábanas, enciende un cigarrillo y siente cómo se abren los pulmones con el humo en giros gastándole las membranas.

- La odio.

Ella mueve los labios sin mirarlo, ni siquiera intenta cambiar de posición.

- Siempre la terminás odiando.
- Es distinto, cada vez que me acuesto con vos, la odio un poquito más.
- Te estás enamorando.
- Si, y es horrible.
- Pocas veces te escuché decir tanto la palabra “odio”, y eso que sumamos tantas noches ya, que me parece una tarea imposible contarlas todas.
- Así todo, me sigue sorprendiendo que no te moleste que siga pensando en ella.
- Y a mi me asombra que te preocupes por eso.

Tira la ceniza en el suelo y se queda pensando. El humo es azul, vibrante e hipnótico. Las sombras decoran las paredes despintadas. Las estrellas se perdieron o se aburrieron de las historias repetidas con finales predecibles.

- Tampoco te molesta que siempre escriba para ella.
- Es una afirmación un tanto estúpida, nadie sabe a quién le escribe. Eso es lo hermoso del arte. Y una de las razones por las cuales estoy en tu cama, sin importar que la nombres, o que el piso esté sucio, o que el aire esté tan viciado.
- La odio.
- Lo decís como esperando que te explique el por qué.
- Como siempre. Por eso que dejo que estés en mi cama aunque piense en ella, o aunque todo sea un desastre, incluyendo mi persona.
- Te molesta y te atrapa tanto como todo lo que no podés explicar. Lo mismo te pasa conmigo. Pasame un pucho.

La lluvia golpea fuerte contra las ventanas, hace frío y afuera las calles se tapan de hojas muertas. La gente gris se defiende con paraguas viejos, el viento aviva las cenizas de los amores lascivos, las vírgenes se resquebrajan en los altares del tiempo, y los sueños se suceden infinitos. Es otoño. Triste y hermoso.

miércoles, 11 de junio de 2008

El arte-reflejo

Todo parte del sueño. La ventana onírica se transforma en un juego de espejos que esperan empañados el regreso intermitente de los años-silencios. Hay un hombre (sólo uno) que por no estar atado, necesita aferrarse al mundo. Se abraza con el cuerpo sin sombra para no caer en el lago del tiempo. Y como el agua es difusa y se borronea el contorno, sabe que su seguridad es arbórea.Por eso los árboles pueden ser violáceos nacarados o persianas en el día. Son (somos) islas.
Pero lo imponente es el espejo. Porque aunque estemos enfrentados, nos muestra el pasado. Y en el medio un bosque perfecto.
Pero no nos vemos. El ojo marmolado hasta las fugas más intensas no nos capta. Y es que nos perdimos en el todo. O nos perdieron. Y aunque persista el reflejo transgresor, hace tiempo que dejaron de buscarnos. Y no había nada más hermoso que amanecer sobre tu nombre. Y no importaba si el paisaje era o no era de mentira, porque era nuestro y lo soñamos.
Por eso no hay cielo. Porque el cielo es para los que vivien en la superficie del color, y no ven las historias de las almas escondidas.

jueves, 5 de junio de 2008

Encontrarte

Muchas mujeres durmieron en mi cama. Algunas solamente me conocieron a oscuras. Otras no pararon de compartir mañanas enteras.
En una época, ella lavaba los platos de la cena anterior, mientras yo acomodaba el desastre cotidiano. Apilaba apuntes, montañas de fotocopias, discos varios, y escondía algunos recuerdos insistentes debajo de la cama. Ella juntaba los puchos y abría la ventana para que se vaya el humo, o preparaba café para obligarme a estudiar. Y yo la dejaba y hacía que leía, mientras la miraba de arriba a abajo saboreándole las piernas, acompañado por su perfume tibio impregnando la almohada.
A veces desayunábamos antes de vestirnos. Desnudos con café con leche, o con mate y bizcochos. Y no nos teníamos que decir nada. Era mirarse y sonreir, mirarla y que se sonroje e intente meter toda su vida en una taza caliente.
Mucho antes dormíamos en un colchón sobre la alfombra llena de polvo. No teníamos nada, y no necesitábamos nada más. Pero ella tenía alergia, así que un día tuve que tirar la alfombra por la ventana, para que no se le irriten los ojos, porque parecía que lloraba y nunca nada me hizo tan mal como verla triste.
Un día se levantó llorando y se fue para siempre. La culpa siempre la tuve yo.
Después las polleras morochas desfilaban por el cuarto. Se hacían arte entre los repiques de las gotas que pegaban en el vidrio. El arte hacía historia, y ella hacía historia del arte. Soñábamos juntos entre Rembrandt y Dalí (siempre con las luces apagadas), hacíamos el amor para ganarle al invierno, inventábamos excusas y mentiras por teléfono, y nos mirábamos hasta quedarnos dormidos. Siempre teníamos hambre y pocas ganas de hacer nada, y supo conocerme tanto, que me asusté y la perdí.
Hoy nadie lava los platos, ni junta las colillas. La cama está deshecha y el piso sucio, el aire está viciado y no encuentro sus botas. La música se hizo parte del silencio habitual. Los colores se fueron.
Me conformaría con la vuelta del marrón y el verde, los necesito bastante. Mucho más de lo que querría.
(Me pregunto si ella vendrá a invadirme la vida con la misma fuerza irresponsable con la que golpeo sus dudas intentando arrancar respuestas. Me asusta mucho hablarte tanto, sin llegar a decir nada.)

viernes, 30 de mayo de 2008

De los rebeldes quedan pocos

Hay gente que además de ser un infierno de conocimientos desarrollados, despliega toda su trayectoria con la frase que marcó a una generación: "Venimos a hacer quilombo".
A muchos se los comió la dictadura. Otros se fueron y volvieron.

Hoy murió Fernando Ulloa.
Es difícil clasificarlo, porque sospecho que nunca le cayeron bien las etiquetas. Pero cuando habló de Salud Mental, hizo mucho más de lo que varios hubiesen arriesgado.
Es una muerte muy triste. Es una pérdida muy grande. Sobretodo porque la ausencia de transgresión es preocupante, y vuelven a atacar los dogmas, y no sabemos qué generación tomará las riendas.
Ante eso, propongo que simplemente hagamos quilombo. Él estaría orgulloso.




"En términos de identidad uno podría decir: alguien es, en ese periodo, en ese pasaje, lo que sus identificaciones le hicieron. Si tiene suerte y se libera de esas identificaciones se abren los amores teóricos, así se abre la teoría, se abre el universo bibliográfico, el universo intelectivo, las propias teorías también se van esbozando, precisamente lo que yo llamo el período de los amores teóricos y en términos de identidad uno es lo que hace. Podría ser más o menos definido así. Después hay un momento que llamo el período del desierto donde uno se pregunta ¿toda la vida voy a hacer esto?"

miércoles, 28 de mayo de 2008

Réquiem para el día

Un día, con una escritora excelente, iniciamos el experimento de una composición dual, que intente expresar de forma independiente, lo que dos personas sentían.
Con su autorización, lo comparto al mundo. Y le doy las gracias eternas por colaborar en algo tan hermoso.



Réquiem para el día (Escrito a dúo entre Carolina y Juampi)


Ella estaba ahí.
Quizá las luces ahogaban demasiado, o la melange de sonidos era la cortina perfecta para desarmar los sentidos.
Noche gestada en un cadáver exquisito, donde sólo el comienzo parece irrefutable. El tiempo se encarga, con esa malicia deliciosa que lo define, de darle circularidad a las escenas. Sin paz, sin miedos, sin ataduras.
Pero ella estaba ahí, estoy seguro.
Él creía hallarse en el mismo lugar. Tiempo y espacio jugaban a las escondidas en un éxtasis de elegía brillante.
Los colores variaban de tenues a oscuros. Los hechos, de verdades a mentiras.
Podría pasarse su eternidad ahí, contemplando el blanco paisaje que se extendía a sus pies. Contemplando la metamorfosis de su alma, sin si quiera comprender lo que allí acontecía.
No hay siluetas, sino formas. El espectáculo lumínico es más que un juego, estalla en los rincones, refleja miradas silenciadas, devuelve invitaciones, o simplemente funciona como puentes entre pensamientos y ardores a dúo.
Es fácil descubrir cuáles pieles consuenan encontrando sus pares, lo imposible es mantener la quietud suficiente para dibujar un plano, una base apenas sólida para sostener el camino. Y encarar, sino cómo saber si es cierta la corporeidad que te entrama?
Dos sombras proyectándose sobre la unanimidad de los sentidos buscan un complemento. Una armonía conjeturada en pareja no deja ni un solo vestigio de las líneas monótonas que lo encierran todo en un marco forjado por la avidez de la noche.
Parados debajo de mil ojos observándonos, nos amoldamos a las inclemencias del tiempo que rige los acontecimientos, los sentidos y las mismas esencias de nuestros seres, convirtiéndonos en las musas de su sinfonía.
De pronto quiebre. Las melodías se anestesian. Quizá por eso la veo tan nítida. Atravieso el mar de miradas hasta lograr contacto y me dejo llevar por la marea. La noche se convierte en cascada, mientras los fantasmas de sus ojos sobre mis ojos dibujan sombras a los otros ajenos. El contraste es un respiro, un equilibrio fraccionado que deja los sueños encubiertos.
Su voz se adelanta a mis silencios, y aunque no logre ser lluvia, se me escurre por los poros. El ruido sabe mantener las distancias, pero el contacto es más retorcido que el tiempo; y gana, con salvedades aparentes, el primer pliegue del destino.
Tal como si las paredes de los pasillos llenos de miradas con intenciones ocultas, se derrumbaran. Aquello que supuse eterno, fue sólo un instante en la búsqueda de vistazos furtivos. La claridad estridente nubla los pensamientos, y suelta las riendas de la situación a las apariencias. Todo aquello que hace cuestión de segundos separaba nuestros cuerpos, nuestras almas, nuestros mundos; era ahora la nimiedad de los sentidos. Era la verdad, esculpida a la perfección, en el letargo de pupilas entrelazadas y perdidas en la continuidad de la noche.
Es esta opresión lo que queríamos, o lo que necesitábamos?
Las sombras que alejaban todo de la realidad se disiparon con el amanecer, esa noche más fuerte que nunca. Por primera vez creí verlo todo blanco. Su silueta ya no estaba desdibujada por trazos arbitrarios sobre un plano de incertidumbre librado al azar. Ahora las formas eran claras, y el escape que presentaba el tiempo había quedado atrapado en la fantasía inducida por la lobreguez ilusoria del crepúsculo lunar.
Ya no podía soportarlo. La hegemonía falaz y torturante debía quebrase en espacios arbóreos. Dejando el último sinsentido de lado los gemidos preponderan alas, y el silencio se hace otoño de una vez por todas.
Renacen los ropajes del alba, y el mundo, deja de ser mundo otra vez.



(Gracias de nuevo, Carolain)

Fragmentos I

Porque hacerle apología al rock, mientras descontrolás tu difícil perspectiva del mundo, acomodás tus medias a rayas y me mirás espaciadamente de reojo, es gesto suficiente para que saltes a abrirte espacio entre las oraciones que pueda llegar a masticar. O a masticarte. Porque si fuera un poco más dulce, desentonaría/mos de mi vida.
No hay medios que te legitimen, ni espacios de los cuales ser dueña. Y por alguna extraña razón, tus palabras entrecortadas que se hacen esperar, terminan siendo insistencia en un cumplido postergado, o puente entre dos noches que no quieren fundirse, pero hacen que salgamos juntos.
Somos amantes del silencio, aunque nos envuelvan distintas lunas.

jueves, 22 de mayo de 2008

La "ñ" todavía no estaba inventada

Entonces llovía mucho (por todas las veces que nos prometimos lluvia ), y murmuraba todo el tiempo un miedo ingenuo que nos acercaba despacio a una historia repetida. Deberíamos habernos arriesgado la primera vez, y no dejar que nos gane el cansancio, las visitas o las mesas cerca de la cama. Y yo debería haber impedido que te cambies el vestido, que en realidad, no te transparentaba nada, sino que le hacía honor a tus piernas. Y como todavía no existía la “ñ”, me dijiste:

Suenio que suenio que estoy soniando
te dejo soniar
metete al mar.

Y te asombrabas de los colores que me llevaban al sueño, o de las imágenes tan vivas que me acompañaban lejos tuyo. Y los martes duraban un atado compartido, tres temas bailados, una película que no llegaba a la mitad, dos besos por cada silencio y una excusa dibujada. A veces hasta se podían extender para mezclarse con el café con leche de la mañana del miércoles. Pero estábamos tan en la noche anterior, que ni suquiera nos llegábamos a despedir.

Después vino la tristeza y te llevó lejos. Y ya no tuve mensajes tuyos, ni vos abrazos míos, y toda la ciudad se volvió oscura y despiadada, y las calles dejaron de tener nombres, y los colectivos se perdían y me dejaban lejos.

Vos eras pura melodía, y yo nunca te pude hacer una canción.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Destino

Puedo contarte el secreto de cada uno de tus detalles, la vuelta de cada una de tus historias, decirte cuántas veces repetís la misma frase, o lo bien que te pintás los ojos. Puedo dibujar entre líneas tu cara de dormida, tus labios sobre los míos, tus sueños de angustia, tus silencios incómodos, tus pasos hacia atrás, tu tiempo perdido, tus colores perfectos (que no pueden ser otros más que el de la tierra y el bosque), tus cigarrilos apagados, tu falta de ética, tu lunar, tu plaza, y tu vida. O aplastarte con todo mi mundo, y enseñarte a construír los leones que sean necesarios para que te cuiden cuando duermas. Y que no los necesites y se escondan cada vez que duermas conmigo.

martes, 20 de mayo de 2008

Composición. Tema: La angustia

La angustia se siente como una barrera que se quiebra por momentos, dejando caer sobre uno, una marea amarga. Así nos vamos llenando, desde los pies hasta los lagrimales. Y cuando alcanza un nivel suficiente, simplemente lloramos.
Parece un proceso simple y sin mucha vuelta. Una cosita simple de la cual no hay que preocuparse. Pero sabemos, todos los que la padecimos, que llorar no es tan malo. Es más bien, un alivio tramposo. Y en algunos casos, es hasta una recompensa, poder soltar un par de lágrimas aisladas que, aunque se esfuercen, no van ni a humedecernos los labios. Y no es simplemente una metáfora, si pudiésemos saborear la amargura que lloramos, tendríamos alguna pista más para entender la situación.
A veces, cuando siento que estoy a punto de explotar, hago fuerza y empujo, aunque sepa que va a ser uno más de ya no se cuántos intentos fallidos. No sale nada.

La cuestión central, la que se sufre, es el desconcierto. No sabemos por qué nos angustiamos. Creemos firmemente (casi con desesperación), en una de toda la gama de posibilidades que tenemos ahí nomás, mirándonos desde el espejo. Pero en el fondo sabemos que eso es irrelevante. No importa, necesito agarrarme de eso. Pero no es eso. Te repito, no me importa, realmente necesito agarrarme de algo. La culpa la tenés vos. Sí, la culpa la tengo, lo que no tengo en claro es qué fue lo que hice. Ahora que lo pienso, debe ser jodido. Y no te das una idea de cuánto.

A veces creo que estoy develando el misterio. Me entusiasmo, me acelero, y puedo sentir parte de esa alegría enorme que me espera del otro lado. Eso es lo que más duele. Eso y nada más que eso. Porque uno sabe que es impoible, pero ya perdió la capacidad envidiable de creer en uno mismo. Entonces, me encantaría llorar pero no puedo, y más me gustaría saber por qué tengo esas ganas, pero tampoco puedo.

“No puedo” sería la frase de cabecera de toda persona angustiada. Ahora bien, mucho no parece decir. Pero no te das una idea de lo que esconde. El “no puedo”, se hace fácil de decir, porque en realidad, para quien lo dice, explica perfectamente su situación. No puedo llorar, no puedo saber qué me pasa, no puedo entenderme, no puedo buscar, no puedo escuchar, no puedo decir, no puedo dormir con vos, no puedo decirte la verdad, no puedo mentirte, no puedo saltar la pared esa hacia un estado más estable, porque no hay que saltarla, sino encontrar la puerta, y la puerta no aparece por ningún lado. O hay demasiadas que llevan siempre al mismo lugar. Como las de Alicia.
Lo que necesitamos es lo imposible. Necesitamos poder. Y creeme cuando te digo que no puedo.

No poder poder, además de ser completamente coherente, duele mucho.
Y los que no pueden llorar, explotan por otros lados. Algunos escriben, otros pintan, otros lloran, otros hacen mil dibujos cuando desean solamente poder hacer uno que quizá no contenga más de dos o tres líneas, o decir eso para lo que no hay palabras, o gritar. A algunos les ganó la desesperación, entonces se ponen violentos y empiezan a romper todo. Hay quienes desaparecen, o los que se mudan, o los que nunca más van a encontrar un lugar porque eso fue lo que perdieron. Algunos no pueden dormir, otros duermen y se despiertan agitados, otros sueñan todos los días lo mismo.

También hay algunos que piensan que perdieron el control de su vida, cuando en realidad se perdieron ellos, y nada más necesitan a otro que los abrace fuerte para poder encontrarse en el espacio circundado de un amor naciente. Hay otros que se sientan a esperar en silencio, o no pueden estar solos ni un momento.

Y también está el que te rompe la boca de un beso. El mismo que nunca te va a explicar nada. Y sabés por qué?
Porque no puede.

lunes, 19 de mayo de 2008

Insisto

¿Sabés qué es lo jodido? A veces no sé bien si perseguirte hasta cansarte, o hasta que te des vuelta de golpe y tus rulos me acaricien eléctricos, en una sucesión de segundos que pueden llegar a formar la composición más hermosa del mundo, que en definitiva no dura nada y a los pocos días sólo es un detalle más en dos caminos condenados a perseguirse sin entrecruzarse nunca.

Es que a veces, cuando hablás, movés los labios de una manera tan hipnótica, que uno se ve obligado a mirarlos desde abajo (que además es la perspectiva perfecta para mirarte toda), y el mundo parece menos mundo, y los espejos nos devuelven el sentido, y siempre terminamos siendo los mismos, y nunca arriesgamos nada, y nos envuelve un paisaje sincrónico hasta el hartazgo.

Por suerte no pienso nada de eso cuando me atrapan. Me dejo llevar despacio al trance, imaginando todas las formas posibles de acariciar por completo esos gestos de acuarela y mate amargo, hasta quedarme dormido. Aunque después te enoje el saber que por momentos no te escucho, y te canses de repetirme todo lo que debería haber aprendido antes de ir a golpearte la puerta, invadir tu vida, usar tus silencios, y robar tus espacios.

Incierto

Es duro
imaginar un
futuro sin
desganos.
Sin palabras
que comen
a distancia,
sin morder los
restos por el
miedo al
suplicio.

O a las súplicas.

Ecos sin retorno
que amedrentan
cada sentido
del deseo
por un placer
postergado.

Y los días
sin risas,
morocha,
son las cosas
que más
asustan.



Juampi

sábado, 17 de mayo de 2008

(In) Estabilidad

Ine no sabía ya que esperar de la vida. A veces se acostaba traspapelando recuerdos pardos de cielos robados, con la carne transparente de tanta vida gastada. Dormía sueños destejidos, de colores fuertes, de tiempos por venir, de calles angostas, de saltos enormes que no llegan a ningún lado.
Buscaba y buscaba en la marea de gestos divinos, perfectamente dibujados sobre los contornos a base de nubes multiformes, el impacto preciso que solamente una mirada perdida puede sostener. Perseguía, desnudaba, hipersensibilizaba. No daba a basto. Sentía caer con la lluvia, los últimos segundos de una credibilidad abandonada. El agua solía llevarse todo. Todo menos ella.

Claro, era permeable pero hasta ahí nomás.

Cuando los ojos barrían todo, había que tener cuidado. Deconstruía miradas pícaras, y las apilaba en el cenicero redondo. Cenizas mudas de guiños-engaños postergados, cenizas de olvido, de carraspera, de fiebre mal medida, de paranoia post oficina. Y después esperar que el sol itinerante le encuentre las pestañas todavía pintadas de una noche con escenas perdidas.

Perdidas como el tipo ese que se apareció un día, acariciando el descontrol, ciego de los pies a la ternura, que hablaba de más para no decir todo. Muchacho desquiciado que le servía cuentos de Blastein, canciones de Regina, despertares en celo, poemas descuidados y vino en tacitas ajadas. Hombre de porte dudoso, hacedor de castillos de hadas, de cuentos medidos en percentiles, abotonados o corrosivos.

Pero Ine todavía espera, espera despacio, con cuidado, con idas sin vueltas, duerme y espera, o no duerme. Y se desvela, y desaparece, y es una silueta más en un bosque borroneado de incertidumbres y espejos.

¿Qué es Girándulas Enfermas?

Mauricio me preguntó qué quería decir Girándulas Enfermas. Es una buena pregunta, porque me obliga a pensar algo que quizá no tenga respuesta. O por lo menos no en este momento. Habría que esperar un poco para tener las cosas más en claro. Así todo, trataré de ensayar una breve respuesta, y de agradecerle de algún modo el interés y la pregunta disparadora.


Girándulas Enfermas es ante todo un lugar. Lugar que presupone cierto dinamismo. O por lo menos, es lo que pretende ser en un inicio donde todavía nada está claro.
Tomemos la teoría del lenguaje estructural reformada por Lacan, donde se plantea la génesis del significado, o quizá la búsqueda de un sentido. Para eso se hace necesario tener mínimamente dos significantes. Significantes que no valen por sí mismos, es decir, que solos no significan nada.
Hablamos no sólo de un lenguaje escrito o hablado, sino de toda forma de intentar comunicar algo, por más frustrado que pueda llegar a ser el intento.
Tenemos entonces, ganas de expresar. Para eso usamos largas cadenas de significantes atados, que realmente cobran valor retrospectivamente; mientras no cesan de copular, invitando también al caos.
"Girándulas", entonces pone el acento en este devenir de significantes que se mueven y avanzan en la medida que tengan un efecto sobre los anteriores. "Enfermas", por otro lado, porque tampoco sabemos bien qué estamos buscando o a dónde iremos a llegar. Solamente nos ponemos en el rol de hacedores de cadenas, descuidando reglas, formas, recortes, etiquetas. Y por sobretodas las cosas, los requisitos necesarios para legitimar una producción en un género profesionalista.
Girándulas Enfermas quiere prestar significantes sueltos que no dicen nada, y esperar a que quien lea sea el que complete, y se haga dueño del sentido. Que el lector se vea obligado a dejar algo, siempre que se deje afectar, y reaccione de la forma que quiera, otorgándole un sentido a todo.
Podemos hacer la salvedad de que si lo ofrecido viene en forma de composición, algún sentido tiene que tener. Es posible. Pero no todos tienen por qué encontrarlo, y menos encontrar lo mismo.

Quizá, en definitiva, todo quede más claro con la definición algo abstracta que acompaña el título del blog: "Retorcer hasta ligar rasgaduras crónicas, el conjunto de almas necesarias para diversificar todo. Retrotraer índices de luces pasadas hasta agotar el cuerpo."

jueves, 1 de mayo de 2008

Inicios

Caer desde el
sueño de tus ojos.
Descreer.
Arrimar.
Beber entero el
milagro eterno
de un nuevo lagrimal
de un deseo renovado,
de un cielo
colmado de otros cielos.
De vidas
apagadas,
de tiempos verbales.

Acercarme despacio
aunque cueste
cada uno de los ecos,
que ya no unen,
sino que bifurcan,
despliegan
y sustraen
cada paso de
tus ruegos.