martes, 5 de mayo de 2009
Marea
Lo más obsceno que podría decirle, sería que no es necesario escuchar su voz. La marea inestable de vientos jodidos que sostienen esa mirada, pueden hacer estragos en los jardines más dulces. Son gestos intermedios entre las sutilezas de un nombre, olvidados acaso por la aparente falta de piedad del destino. Mutilados. Duplicados de manera nefasta en todos los ecos colectivos que la habitan. Sabe de caminos e historias. Son los restos de quienes murieron intentando cruzar el abismo entre párpado y párpado. Son las voces que describen con insistencia el pasaje imposible hacia un cielo robado. Y uno no hace más que delinear los bordes, hundirse y ser parte en un instante de su vida de sueños. De mares oscuros con secretos y palabras. De vidas pasadas. De azules vivos.
domingo, 26 de abril de 2009
Café
Al final se encontraron. Aunque haya sido necesario que con anterioridad se cuenten la cantidad de hojas exactas que no cayeron ese otoño, o que la marea espesa que circundaba la ciudad, deje de ser violenta o desesperada, tan metida en los oídos de la gente al punto de impedir que se recorten los jardines.
Pero lo importante es que se encontraron, porque si lo hicieron no hay forma de negar que se estuviesen buscando, o que todavía se buscaban. Teniendo siempre en cuenta, claro, que desde el comienzo estaban perdidos. Y más en cuenta aún el hecho de que por más que estén sentados en la misma mesa, sin decir nada de nada; es inútil afirmar que alguno de los dos se sienta un poco más orientado, o al menos menos inseguro.
Ella nunca necesitó ser puta para esquivarle al matrimonio. Él nunca dejó de jugar al caballero para explicarle sus fracasos, sus años de resonancias sin sentido, sus glorias acartonadas. Aún sin contarle de las horas de sueño en el sillón del living.
- Te diste cuenta? Vos seguís llena de dudas, ahí donde nunca pude dejar de dar respuestas. Siempre fuimos complementarios.
Y su afirmación, tan categórica y rebuscada, hizo mella como siempre en los hilos más sensibles y escondidos de su vida de abandonos. Y por más que se muera por gritarle todo lo que siente, se va a quedar callada. Porque las palabras le parecían hermosas solamente cuando salían de esa boca, con la misma dureza encantadora que el tiempo no supo gastar. Porque todo se llenaba de sentido, y sin sentido no hacemos nada.
Pero la equivocación era enorme: Ella se hace preguntas para no acercarse nunca a las respuestas, y él responde todo el tiempo para no cuestionarse nunca. Siempre fueron imposibles. Si hay una seguridad compartida, si existe algún punto donde se toquen, si comparten aunque sea un mínimo de acuerdo, es en que nunca van a permitir que sean imposibles las cosas imposibles. Y eso (hay que admitir) es todo lo que necesitan para no olvidarse nunca.
- Pero también es cierto que nunca vamos a poder conversar. Así como a vos te encanta escuchar como no puedo con mi vida, me fui haciendo adicta a los minutos que le dedicás a hablar con tanta pasión sobre los detalles que a nadie le importan, y te indignás y me convencés de que estamos todos mirando para el lado equivocado, y yo me pierdo y doy gracias por saber que sufro por cosas que no valen nada.
Y como todo buen caballero, admite entre risas que no puede agregar nada más a un discurso que pisotea triunfante a siglos enteros de poesía.
Pero los tiempos son cortos, y antes de que el silencio haga peligrar la omnipotencia de los dos, pagan cada uno su parte y suben a colectivos distintos. El viaje se repite como todos los días que contaron con el mismo desenlace. Y él no deja de pensar en todos los por qué que evitaron el abrazo, el beso y la no despedida. Y ella diciéndole todo el tiempo que lo único que quiere es que la acompañe hasta la cama, que desde la única que vez que se acostaron juntos, ella nunca más volvió a dormir sola.
Pero lo importante es que se encontraron, porque si lo hicieron no hay forma de negar que se estuviesen buscando, o que todavía se buscaban. Teniendo siempre en cuenta, claro, que desde el comienzo estaban perdidos. Y más en cuenta aún el hecho de que por más que estén sentados en la misma mesa, sin decir nada de nada; es inútil afirmar que alguno de los dos se sienta un poco más orientado, o al menos menos inseguro.
Ella nunca necesitó ser puta para esquivarle al matrimonio. Él nunca dejó de jugar al caballero para explicarle sus fracasos, sus años de resonancias sin sentido, sus glorias acartonadas. Aún sin contarle de las horas de sueño en el sillón del living.
- Te diste cuenta? Vos seguís llena de dudas, ahí donde nunca pude dejar de dar respuestas. Siempre fuimos complementarios.
Y su afirmación, tan categórica y rebuscada, hizo mella como siempre en los hilos más sensibles y escondidos de su vida de abandonos. Y por más que se muera por gritarle todo lo que siente, se va a quedar callada. Porque las palabras le parecían hermosas solamente cuando salían de esa boca, con la misma dureza encantadora que el tiempo no supo gastar. Porque todo se llenaba de sentido, y sin sentido no hacemos nada.
Pero la equivocación era enorme: Ella se hace preguntas para no acercarse nunca a las respuestas, y él responde todo el tiempo para no cuestionarse nunca. Siempre fueron imposibles. Si hay una seguridad compartida, si existe algún punto donde se toquen, si comparten aunque sea un mínimo de acuerdo, es en que nunca van a permitir que sean imposibles las cosas imposibles. Y eso (hay que admitir) es todo lo que necesitan para no olvidarse nunca.
- Pero también es cierto que nunca vamos a poder conversar. Así como a vos te encanta escuchar como no puedo con mi vida, me fui haciendo adicta a los minutos que le dedicás a hablar con tanta pasión sobre los detalles que a nadie le importan, y te indignás y me convencés de que estamos todos mirando para el lado equivocado, y yo me pierdo y doy gracias por saber que sufro por cosas que no valen nada.
Y como todo buen caballero, admite entre risas que no puede agregar nada más a un discurso que pisotea triunfante a siglos enteros de poesía.
Pero los tiempos son cortos, y antes de que el silencio haga peligrar la omnipotencia de los dos, pagan cada uno su parte y suben a colectivos distintos. El viaje se repite como todos los días que contaron con el mismo desenlace. Y él no deja de pensar en todos los por qué que evitaron el abrazo, el beso y la no despedida. Y ella diciéndole todo el tiempo que lo único que quiere es que la acompañe hasta la cama, que desde la única que vez que se acostaron juntos, ella nunca más volvió a dormir sola.
viernes, 19 de diciembre de 2008
Las decisiones son sin garantías.
Las decisiones son sin garantías.
Así como suena. Es una frase prestada bastante efectiva (siempre admiré a quienes tienen esa capacidad de síntesis). Las verdaderas decisiones no pueden tener garantía de nada, tienen que hacer llamado a la no existencia de la posibilidad, de la condición o de la permanencia. Una decisión con garantías, asegurada, es mero conformismo narcisita (a riesgo de caer en lo obsesivo), una ilusión de decisión que le permite a uno seguir dudando, mantener la espera y el deseo inalcanzable pero a mano. La decisión es una escisión camuflada con una “d” para distraernos del riesgo, para mantenernos velados, dormidos, insatisfechos sin llegar a estar incómodos.
Ahora bien, no hay que confundirse. La decisión plantea un momento, un intervalo particular que desemboca en el acto o en el no-acto. Y aunque logremos el acto, aún sin garantías, estamos lejos de realizar una hazaña.
Podemos intentar hacer uso de la abstracción (capacidad muy venida a menos) e imaginarnos una cadena de pasos, un camino. Son los mismos pasos de siempre, son iguales y por dejar de ser uno y estar unidos, son distintos. Pero siempre es la misma cadena de pasos, que hasta pareciera no seguir una línea recta, sino más bien, constituir un círculo. La decisión hace dar un paso ambiguo en el que el siguiente define la ruptura (o no) del círculo. Si hay garantías, si existe la seguridad, entonces el paso extiende un poco más la trama del círculo, dando la sensación ilusoria de apertura. El tiempo no cuenta porque es inexistente, pero podemos hacer un nuevo intento de abstracción e imaginarnos el momento siguiente en el que el círculo vuelve a aparecer, volviendo a la insatisfacción (finalmente no tan despreciable) soportable. Esa es una decisión falsa.
La decisión tomada sin garantías conlleva al acto. O casi.
El acto es el momento en el que dejamos de ser para ser otro: distinto y sin vuelta atrás. El acto necesariamente emerge cuando dejamos de pensar (o de hablar). Si hay acto no hay pensamiento, no hay lenguaje en juego y eso necesariamente lleva a no ser. Somos efecto del lenguaje, y si no hay lenguaje sino acto, dejamos de ser un instante, para ser de otra forma. Pero el acto no es una hazaña, por más esfuerzo que lleve. Porque una hazaña es lo que hacen los héroes. Y cuando uno es héroe, lo es por el veredicto con el que lo juzgan los otros. Uno realiza una hazaña cuando todo lo que hace es acorde al deseo de los otros (del Otro). El acto no posee legalidad. El acto es ponerse inmediatamente delante de uno, ahí donde está el deseo. Ahí está la motivación: ir tras el deseo… y alcanzarlo. Alcanzarlo a costa de todo y de todos, romper la legalidad de nuestro universo simbólico y sufrir la angustia consecuente.
Por eso las decisiones nunca son fáciles. Porque lo que está en juego es el deseo de uno. Y uno en las dos posibilidades: como uno mismo o como ese otro. Porque no podemos ser uno sin ese otro que cierra y estabiliza la barrera imaginaria que nos hace decir “yo”.
Claro está que también existe la posibilidad de mirar desafiante al deseo, parado sobre la valentía de la decisión, y luego bajar la mirada y volver al círculo. Pero esta vez, un poquito más insatisfechos.
Así como suena. Es una frase prestada bastante efectiva (siempre admiré a quienes tienen esa capacidad de síntesis). Las verdaderas decisiones no pueden tener garantía de nada, tienen que hacer llamado a la no existencia de la posibilidad, de la condición o de la permanencia. Una decisión con garantías, asegurada, es mero conformismo narcisita (a riesgo de caer en lo obsesivo), una ilusión de decisión que le permite a uno seguir dudando, mantener la espera y el deseo inalcanzable pero a mano. La decisión es una escisión camuflada con una “d” para distraernos del riesgo, para mantenernos velados, dormidos, insatisfechos sin llegar a estar incómodos.
Ahora bien, no hay que confundirse. La decisión plantea un momento, un intervalo particular que desemboca en el acto o en el no-acto. Y aunque logremos el acto, aún sin garantías, estamos lejos de realizar una hazaña.
Podemos intentar hacer uso de la abstracción (capacidad muy venida a menos) e imaginarnos una cadena de pasos, un camino. Son los mismos pasos de siempre, son iguales y por dejar de ser uno y estar unidos, son distintos. Pero siempre es la misma cadena de pasos, que hasta pareciera no seguir una línea recta, sino más bien, constituir un círculo. La decisión hace dar un paso ambiguo en el que el siguiente define la ruptura (o no) del círculo. Si hay garantías, si existe la seguridad, entonces el paso extiende un poco más la trama del círculo, dando la sensación ilusoria de apertura. El tiempo no cuenta porque es inexistente, pero podemos hacer un nuevo intento de abstracción e imaginarnos el momento siguiente en el que el círculo vuelve a aparecer, volviendo a la insatisfacción (finalmente no tan despreciable) soportable. Esa es una decisión falsa.
La decisión tomada sin garantías conlleva al acto. O casi.
El acto es el momento en el que dejamos de ser para ser otro: distinto y sin vuelta atrás. El acto necesariamente emerge cuando dejamos de pensar (o de hablar). Si hay acto no hay pensamiento, no hay lenguaje en juego y eso necesariamente lleva a no ser. Somos efecto del lenguaje, y si no hay lenguaje sino acto, dejamos de ser un instante, para ser de otra forma. Pero el acto no es una hazaña, por más esfuerzo que lleve. Porque una hazaña es lo que hacen los héroes. Y cuando uno es héroe, lo es por el veredicto con el que lo juzgan los otros. Uno realiza una hazaña cuando todo lo que hace es acorde al deseo de los otros (del Otro). El acto no posee legalidad. El acto es ponerse inmediatamente delante de uno, ahí donde está el deseo. Ahí está la motivación: ir tras el deseo… y alcanzarlo. Alcanzarlo a costa de todo y de todos, romper la legalidad de nuestro universo simbólico y sufrir la angustia consecuente.
Por eso las decisiones nunca son fáciles. Porque lo que está en juego es el deseo de uno. Y uno en las dos posibilidades: como uno mismo o como ese otro. Porque no podemos ser uno sin ese otro que cierra y estabiliza la barrera imaginaria que nos hace decir “yo”.
Claro está que también existe la posibilidad de mirar desafiante al deseo, parado sobre la valentía de la decisión, y luego bajar la mirada y volver al círculo. Pero esta vez, un poquito más insatisfechos.
martes, 28 de octubre de 2008
Carta abierta
Vos no te das una idea de todo lo que cambió mi vida desde que te conocí:
Había perdido las esperanzas en lo que respecta a muchas cosas. No veía todos los colores, tenía los sentidos dormidos. Me costaba llorar desde el alma, y ni hablar de tener esos sueños enormes, los mismos que hoy me inflan el pecho de ternura.
La primera vez que te vi, me di cuenta de lo hermosa que eras a distancia, de lo bien que le quedaba a la noche estar salpicada de vos. Y tu sonrisa se llevaba todos los aplausos, y tus vestidos, lo poco que me quedaba de cordura. Y por suerte rompimos dos costumbres: Yo la de mirar sin decir nada, vos la de no mirarme y decirme todo. Porque si me parecías hermosa desde lejos, cuando te fui conociendo al detalle, caí en la cuenta de que nunca voy a escapar de tu cuerpo (tampoco intentaría hacerlo); y el sentirme espectador de cada centímetro de tu figura, es estremecerse, quiebre y nuevo círculo, deseo y entretiempo, camino y destierro.
Si bien es verdad que descreo del orden divino, que reniego de una vida predeterminada, que me siento irresponsable y aventurero contra todo; siempre algún suceso se presenta, se saca la galera, saluda con una perfecta instrucción inglesa, y me patea el tablero a la mierda: Ahí es donde aparece, justo cuando mi boca suelta el grito de rechazo al compromiso por tiempo indefinido, y le digo a mi sensibilidad que voy a comprar puchos, para no volver nunca.
Aparece, decía, y me cierra la boca, me golpea y me obliga a reaccionar (“-No ves que lo que decís no tiene ni pies ni cabeza? Haceme un favor: No digas nunca más eso, y llename de besos”). Entonces no digo más que quiero estar solo porque no soporto una compañía seria. Y tampoco pienso que sería mejor escaparle al compromiso porque nadie me escucha.
Y vuelve la vida. Impactan los colores hacia una nueva visión de las cosas. Y me asusto al encontrar lo que siempre me pareció una utopía más, de las que dejo que me pueblen. Sino con quién escucharía Better sintiendo cómo se arruga el alma? Quién va empapelar mi vida de sueños, de notas de marfil, de poemas esculpidos, de polleras morochas, de voces nacaradas, de cuentos inconclusos, o de historia del arte?
Y es tan fácil darse cuenta de que no son más que preguntas retóricas. Solamente hay una mujer en mi vida que puede hacer todo eso, y encima dormir conmigo y prestarme los pechos más hermosos de la tierra, para besar y perfumar mis fantasías. La única que disfruta reírse conmigo, pariendo carcajadas tan irrepetibles como tiernas, tan llenas de luz…
Con tanta brisa verde, lo único que hay que soportar es el miedo extraño a que todo sea tan perfecto. Porque nunca aprendí de amores que sin dejar de serlo, se sientan como dolor profundo todo el tiempo. Con vos es todo tan distinto, que cuando no estás el mundo es horriblemente enorme, y la soledad te apura en cada esquina.
Y no puedo hacer otra cosa, más que darte eternamente las gracias por hacer de una persona peligrosamente triste, esto que ahora te escribe, te habla, te besa, te come, te siente, te escucha, te muerde, te relame, te fantasea, te persigue, te acaricia, te duerme, te cuenta y te llora.
Había perdido las esperanzas en lo que respecta a muchas cosas. No veía todos los colores, tenía los sentidos dormidos. Me costaba llorar desde el alma, y ni hablar de tener esos sueños enormes, los mismos que hoy me inflan el pecho de ternura.
La primera vez que te vi, me di cuenta de lo hermosa que eras a distancia, de lo bien que le quedaba a la noche estar salpicada de vos. Y tu sonrisa se llevaba todos los aplausos, y tus vestidos, lo poco que me quedaba de cordura. Y por suerte rompimos dos costumbres: Yo la de mirar sin decir nada, vos la de no mirarme y decirme todo. Porque si me parecías hermosa desde lejos, cuando te fui conociendo al detalle, caí en la cuenta de que nunca voy a escapar de tu cuerpo (tampoco intentaría hacerlo); y el sentirme espectador de cada centímetro de tu figura, es estremecerse, quiebre y nuevo círculo, deseo y entretiempo, camino y destierro.
Si bien es verdad que descreo del orden divino, que reniego de una vida predeterminada, que me siento irresponsable y aventurero contra todo; siempre algún suceso se presenta, se saca la galera, saluda con una perfecta instrucción inglesa, y me patea el tablero a la mierda: Ahí es donde aparece, justo cuando mi boca suelta el grito de rechazo al compromiso por tiempo indefinido, y le digo a mi sensibilidad que voy a comprar puchos, para no volver nunca.
Aparece, decía, y me cierra la boca, me golpea y me obliga a reaccionar (“-No ves que lo que decís no tiene ni pies ni cabeza? Haceme un favor: No digas nunca más eso, y llename de besos”). Entonces no digo más que quiero estar solo porque no soporto una compañía seria. Y tampoco pienso que sería mejor escaparle al compromiso porque nadie me escucha.
Y vuelve la vida. Impactan los colores hacia una nueva visión de las cosas. Y me asusto al encontrar lo que siempre me pareció una utopía más, de las que dejo que me pueblen. Sino con quién escucharía Better sintiendo cómo se arruga el alma? Quién va empapelar mi vida de sueños, de notas de marfil, de poemas esculpidos, de polleras morochas, de voces nacaradas, de cuentos inconclusos, o de historia del arte?
Y es tan fácil darse cuenta de que no son más que preguntas retóricas. Solamente hay una mujer en mi vida que puede hacer todo eso, y encima dormir conmigo y prestarme los pechos más hermosos de la tierra, para besar y perfumar mis fantasías. La única que disfruta reírse conmigo, pariendo carcajadas tan irrepetibles como tiernas, tan llenas de luz…
Con tanta brisa verde, lo único que hay que soportar es el miedo extraño a que todo sea tan perfecto. Porque nunca aprendí de amores que sin dejar de serlo, se sientan como dolor profundo todo el tiempo. Con vos es todo tan distinto, que cuando no estás el mundo es horriblemente enorme, y la soledad te apura en cada esquina.
Y no puedo hacer otra cosa, más que darte eternamente las gracias por hacer de una persona peligrosamente triste, esto que ahora te escribe, te habla, te besa, te come, te siente, te escucha, te muerde, te relame, te fantasea, te persigue, te acaricia, te duerme, te cuenta y te llora.
viernes, 24 de octubre de 2008
IV
El desgarro perfecto,
la marea,
el sueño en vida
de un color perdido.
El brillo inconsciente de
mil espejos
deshaciéndose en gotas
sobre el cuerpo desnudo,
Perdiendo el nombre
entre ecos y matices
sin control,
en un giro eterno de ruegos
salvajes.
El alma en escala
de grises,
los poros cansados
de gritar,
y un último suspiro
entrecortado
que carcome el sabor
de la luna nueva.
la marea,
el sueño en vida
de un color perdido.
El brillo inconsciente de
mil espejos
deshaciéndose en gotas
sobre el cuerpo desnudo,
Perdiendo el nombre
entre ecos y matices
sin control,
en un giro eterno de ruegos
salvajes.
El alma en escala
de grises,
los poros cansados
de gritar,
y un último suspiro
entrecortado
que carcome el sabor
de la luna nueva.
domingo, 5 de octubre de 2008
Inventario
De risas de arena partida,
de envolturas acarameladas
por el desgaste del tiempo,
por efecto de un silencio
amedrentado por los efectos
ciegos de una servidumbre errada,
por los siglos de los siglos
sin fe.
De matices a construir
entre las veredas azules
y las verdades negadas,
por el destierro ecuestre,
por las horas destinadas,
temidas, desmentidas,
atinadas, salvaguardadas,
sincrónicas, egodistónicas,
perennes, silbadas,
tonificadas, adversas,
construídas, desmemoriosas,
artilúgicas, atravesadas,
tuyas, no-tuyas, no-nuestras,
permeables, silábicas,
enteras o encontradas.
De acuarelas hilbanadas
previas al paso de los ciegos
por el mundo.
de envolturas acarameladas
por el desgaste del tiempo,
por efecto de un silencio
amedrentado por los efectos
ciegos de una servidumbre errada,
por los siglos de los siglos
sin fe.
De matices a construir
entre las veredas azules
y las verdades negadas,
por el destierro ecuestre,
por las horas destinadas,
temidas, desmentidas,
atinadas, salvaguardadas,
sincrónicas, egodistónicas,
perennes, silbadas,
tonificadas, adversas,
construídas, desmemoriosas,
artilúgicas, atravesadas,
tuyas, no-tuyas, no-nuestras,
permeables, silábicas,
enteras o encontradas.
De acuarelas hilbanadas
previas al paso de los ciegos
por el mundo.
miércoles, 1 de octubre de 2008
Complementariedad
Me busca, me encuentra, me sabe, me pierde. Desdibuja los contornos de todo lo que creía encontrado, para defender la máxima expresión del esoterismo pictórico neo-adolescente. Entra entre impactante e impactada, y todos los sucesos armónicos descansan al pie de su sombra-tormenta. Avanza, descascara, vela y enternece. Sube hasta el último escalón espiralado y mira desafiante. Y aunque busque una y otra vez envolverse en todos los matices del gris menos vívido, aunque intente desenvolverse del mundo cada vez más guardada entre sus hombros, aunque esconda y reformule el nhilismo desde una nube fatalista de no-sueños desplegados sobre un mantel diminuto, aunque le pesen las ganas al punto de anclarse y cerrar los párpados en un intento de simbiosis frente al ojo magnánime huracanado; crece en forma desmedida a riesgo de estallar y acabar con todo, pero se detiene tenue bordeando la coyuntura entre los versos huérfanos y una piedad lumínica (su sombra devuelve el calor de los árboles sin rostro que alguna vez poblaron la tierra).
Imposible volver a ver con otros colores el cielo cuando ella se convierte en el significante que regula la presencia o ausencia de los fantasmas eternos de las historias pasadas.
Imposible volver a ver con otros colores el cielo cuando ella se convierte en el significante que regula la presencia o ausencia de los fantasmas eternos de las historias pasadas.
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