Me busca, me encuentra, me sabe, me pierde. Desdibuja los contornos de todo lo que creía encontrado, para defender la máxima expresión del esoterismo pictórico neo-adolescente. Entra entre impactante e impactada, y todos los sucesos armónicos descansan al pie de su sombra-tormenta. Avanza, descascara, vela y enternece. Sube hasta el último escalón espiralado y mira desafiante. Y aunque busque una y otra vez envolverse en todos los matices del gris menos vívido, aunque intente desenvolverse del mundo cada vez más guardada entre sus hombros, aunque esconda y reformule el nhilismo desde una nube fatalista de no-sueños desplegados sobre un mantel diminuto, aunque le pesen las ganas al punto de anclarse y cerrar los párpados en un intento de simbiosis frente al ojo magnánime huracanado; crece en forma desmedida a riesgo de estallar y acabar con todo, pero se detiene tenue bordeando la coyuntura entre los versos huérfanos y una piedad lumínica (su sombra devuelve el calor de los árboles sin rostro que alguna vez poblaron la tierra).
Imposible volver a ver con otros colores el cielo cuando ella se convierte en el significante que regula la presencia o ausencia de los fantasmas eternos de las historias pasadas.
miércoles, 1 de octubre de 2008
viernes, 5 de septiembre de 2008
Sobre los encuentros
Florecen de tus dedos
las manos,
el increíble canto
a la piel,
y más de una mentira
disimulada.
Hay un encuentro
que de prohibido
se posterga,
y dos amantes
que no saben cómo
hacer para apagar
el deseo.
Se lloran en secreto,
se unen y se desarman,
se miman con palabras.
Se creen poesía aunque
no lleguen al tercer verso
sin sacarse la ropa,
y menos a escuchar
el grito sin sentido
de la conciencia moral.
Atacan desde la pluralidad
de la noche
a todo dique del orden
de la conciencia,
Se regalan un instante
de energía liberada
lejos de las formalidades
de la vida.
Y llegan más lejos
que cualquiera de nosotros,
que somos el público tímido
de una celebración,
en el encuentro lascivo
de dos almas perdidas.
las manos,
el increíble canto
a la piel,
y más de una mentira
disimulada.
Hay un encuentro
que de prohibido
se posterga,
y dos amantes
que no saben cómo
hacer para apagar
el deseo.
Se lloran en secreto,
se unen y se desarman,
se miman con palabras.
Se creen poesía aunque
no lleguen al tercer verso
sin sacarse la ropa,
y menos a escuchar
el grito sin sentido
de la conciencia moral.
Atacan desde la pluralidad
de la noche
a todo dique del orden
de la conciencia,
Se regalan un instante
de energía liberada
lejos de las formalidades
de la vida.
Y llegan más lejos
que cualquiera de nosotros,
que somos el público tímido
de una celebración,
en el encuentro lascivo
de dos almas perdidas.
miércoles, 27 de agosto de 2008
Revelación
Desconocida te busco. Hace más de mil encierros que nos venimos encontrando sin caer en la hondonada arbórica que recubre las camas de los que todavía tienen alma (nosotros lo hemos perdido todo). Intento constante de sensibilizar hasta el último goce de tu frente gastada, tu corola perlada, tu nítido instinto sabor a cielo resquebrajado. Pulo las aristas inconclusas antes de que cicatricen en tu vientre (no nos podemos callar). Dibujo arena serpenteante apilada egocéntrica en tu “no” críptico (nunca nos permitimos creer en el tiempo). Invierto las últimas gotas volcadas en columnas de bruma hasta reventar el cuello apretado a los párpados. Canto siréncio, murmullo violáceo, óleo diluído (las muñecas no se maquillan). Sellamos el pacto, perdimos todo. Nunca antes (en la historia del mundo) ha existido decisión tan deliciosa, nacarada y perfecta como la que tomamos nosotros.
Ocasión
Luna toda
hiper real sigila subarbórea
soli-nítida de mar marmolada
con sus no se sin saber sabiendo suspiros satinados
ebanística sien siendo poder ignífugo diluvea
lluvia aerosombra de inocencia inacabada
paz salada de viento ser
hiper real sigila subarbórea
soli-nítida de mar marmolada
con sus no se sin saber sabiendo suspiros satinados
ebanística sien siendo poder ignífugo diluvea
lluvia aerosombra de inocencia inacabada
paz salada de viento ser
miércoles, 13 de agosto de 2008
Poligamia de Almohadas II
Hay una luz amarilla, tenue, cansada, que explora los límites corrosivos de los cuerpos en calma. La cama está deshecha como siempre. El humo es añejo y oblicuo, insiste hasta pegarse en la piel, inundando por completo los poros, invadiendo la intimidad agotada con las caricias del insomnio.
- Apenas soporto su presencia.
- Sin embargo la invocás todo el tiempo...
- Ella viene sola. Siempre viene sola. Y cuando empiezo a resignarme y a disfrutar el dolor de su imagen trepándose por mis hombros, desaparece.
- Quizá no quiere que la alcances.
- Nunca lo quizo.
- Me intriga saber si a ella le pasa lo mismo cada vez que se acuesta con otro. Si no puede dormir, si fuma hasta llenar la pieza con vestigios de su vida, si empapela las sábanas con melancolía mientras espera en silencio por horas que la puerta se abra y entres vos.
- Me encanta que me conozcas tanto sin saber nada de mi.
Los ruidos intermitentes de los colectivos y un tren lejano, componen las única serenata romántica que justifica el telón a tanto teatro. Teatro de lo patético, y por ello, simplemente hermoso.
- Apenas soporto su presencia.
- Sin embargo la invocás todo el tiempo...
- Ella viene sola. Siempre viene sola. Y cuando empiezo a resignarme y a disfrutar el dolor de su imagen trepándose por mis hombros, desaparece.
- Quizá no quiere que la alcances.
- Nunca lo quizo.
- Me intriga saber si a ella le pasa lo mismo cada vez que se acuesta con otro. Si no puede dormir, si fuma hasta llenar la pieza con vestigios de su vida, si empapela las sábanas con melancolía mientras espera en silencio por horas que la puerta se abra y entres vos.
- Me encanta que me conozcas tanto sin saber nada de mi.
Los ruidos intermitentes de los colectivos y un tren lejano, componen las única serenata romántica que justifica el telón a tanto teatro. Teatro de lo patético, y por ello, simplemente hermoso.
sábado, 2 de agosto de 2008
Despierto
Mejor te regalo un sueño.
Si no hay futuros ni fantasmas,
y la sonrisa indiscreta nace y ocupa todo,
y sos puro sol.
Dejame envolverte conmigo
aunque no nos protejamos de nada
y sean todos roces.
Y te pierdo,
y me buscás,
y nos encontramos ahí, en
el medio del deseo.
Y cerramos los ojos,
y el desgaste se forma entre guiños.
Te invito a jugar,
y a deshacer cuentos de hadas.
Así podemos celebrar
juntos lo efímero de la inocencia...
Si no hay futuros ni fantasmas,
y la sonrisa indiscreta nace y ocupa todo,
y sos puro sol.
Dejame envolverte conmigo
aunque no nos protejamos de nada
y sean todos roces.
Y te pierdo,
y me buscás,
y nos encontramos ahí, en
el medio del deseo.
Y cerramos los ojos,
y el desgaste se forma entre guiños.
Te invito a jugar,
y a deshacer cuentos de hadas.
Así podemos celebrar
juntos lo efímero de la inocencia...
viernes, 18 de julio de 2008
Inacabado
Se cruzan de golpe. La calle es oscura, con la magia única que se escapa de los adoquines de las calles de recuerdos, que San Telmo sostiene sin esfuerzo, como a los pasos de la historia.
Los detalles lo inundan todo. Es una noche atípica para los tiempos que corren, y los sueños se quedan casi al ras del suelo, como un vapor denso que no nos deja ver más que lo que quiere el deseo.
Y no son más que dos miradas sorprendidas, puro ojos. Ojos enormes. Ojos inmensos. Ojos que arañan los pocos segundos de encuentro, para conocerse, invitarse y devorarse, cuando solo compartieron unos pasos.
Ella es morocha, desbordante, inmensa; incapaz de terminar de levantar el brazo para acomodarse el flequillo. No puede ni siquiera parpadear. No hay tiempo, noy hay nada. Todo se congela como grabado en un verso que nadie va a leer nunca. Se conmueven los ruidos. Se despliegan los guiños enlazados, que los dibujan los cuerpos que imaginan los sentidos.
El impacto es un nido de sabores robados. Hay manos que empujan a un diálogo improvisado que no va surgir nunca. Hay ecos de vida que se relamen en la hojarasca. Hay cielo. Todo el cielo que necesiten.
Él la descubre. Casi no puede contra el día. Apenas levanta los pies, mientras maldice sin tregua a la inclinación desfavorable de una cuadra empinada, a las baldosas ajadas que son trampas de lluvia, y al no fin de su día de mierda.
Pero la vé. Justo cuando levanta la cabeza para putear al viento.
Ella sigue hermosa. A él se le vuelcan las caricias que nunca van a ir más allá de sus manos. El tiempo que no le alcanza nunca, le regala un guiño pasajero. Son solamente unos segundos. Pero de esos segundos que no terminan de pasar, y se estiran sin quebrarse, como la gotas de agua que se escurren en calma, con un avance precipitado, con una caída serena.
Los detalles lo inundan todo. Es una noche atípica para los tiempos que corren, y los sueños se quedan casi al ras del suelo, como un vapor denso que no nos deja ver más que lo que quiere el deseo.
Y no son más que dos miradas sorprendidas, puro ojos. Ojos enormes. Ojos inmensos. Ojos que arañan los pocos segundos de encuentro, para conocerse, invitarse y devorarse, cuando solo compartieron unos pasos.
Ella es morocha, desbordante, inmensa; incapaz de terminar de levantar el brazo para acomodarse el flequillo. No puede ni siquiera parpadear. No hay tiempo, noy hay nada. Todo se congela como grabado en un verso que nadie va a leer nunca. Se conmueven los ruidos. Se despliegan los guiños enlazados, que los dibujan los cuerpos que imaginan los sentidos.
El impacto es un nido de sabores robados. Hay manos que empujan a un diálogo improvisado que no va surgir nunca. Hay ecos de vida que se relamen en la hojarasca. Hay cielo. Todo el cielo que necesiten.
Él la descubre. Casi no puede contra el día. Apenas levanta los pies, mientras maldice sin tregua a la inclinación desfavorable de una cuadra empinada, a las baldosas ajadas que son trampas de lluvia, y al no fin de su día de mierda.
Pero la vé. Justo cuando levanta la cabeza para putear al viento.
Ella sigue hermosa. A él se le vuelcan las caricias que nunca van a ir más allá de sus manos. El tiempo que no le alcanza nunca, le regala un guiño pasajero. Son solamente unos segundos. Pero de esos segundos que no terminan de pasar, y se estiran sin quebrarse, como la gotas de agua que se escurren en calma, con un avance precipitado, con una caída serena.
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