Niño: las baladas son de los tenores
Las tormentas pasan lejos desfigurando la cantidad de horas de vida – horas de vuelo. Se hacen pintadas en anacrusa sobre el mármol tibio: son manos que escribien silencios precisos, bajo la manta suave que ilumina o decora. Esa puta red insistente que por ser permeable perdió toda capacidad de cielo; esa finura extrema que sin saber de cielos perdió toda capacidad de olvido. Las huellas (como la ausencia) no saben de planes ni rumbos, quizá acaso de-siertos destinos, a lo sumo de giros y sentencias (de esos giros y de esas sentencias). Devienen prisma y creación refractaria, selectiva y desbordante. Niño, las veces son menos que las vividas, y el andar estacionario no soporta el flujo de lo intenso. Dejar que el pasado se quiebre es ganarle a la historia, no dar lugar ni siquiera a las coordenadas pactadas, a los sueños de sangre o las palabras de gloria. Es ser corte de encuentro y explosión, en el detrimento con justa causa del haberlo habitado. Niño, levántate y habla: sólo las baladas son de los tenores.
sábado, 21 de noviembre de 2009
jueves, 8 de octubre de 2009
Todas las hojas subiéndose a la cama
Todas las hojas subiéndose a la cama, lentas. En intervalos estáticos que anulan la continuidad. Son, si se quiere, pequeños saltos. Ni siquiera momentos. Descuidos del funcionamiento óptico (cada vez que los nudos se hicieron ocaso, cada vez más opaco), perpetuado por sucesiones de filtros atenuantes, momentos singulares de órdenes distintos. La insistencia de un otoño trepador, de varias muertes y la inavasión del sonido (los días apretados crujen, los silencios son partículas sin sentido), los colores secos se hacen manto, las vidas pasadas, la historia del por-venir. Porque al romperse la nervadura tenemos polvo; y lejos de ensuciar los espacios perdidos y las propiedades privadas, se crean (creamos, creemos, crearon) capas muy finas, planos irregulares, bordes tenues. La rigidez y la distancia pautada para mañana ser lluvia, concreción de las plegarias y los ritos que reclaman la llegada del verde, del calor y los frutos, de las brisas y las sombras.
martes, 14 de julio de 2009
Sobre la necesidad de los lazos y el ponerle nombres a las cosas I
Es tan de noche que el río ya no duda en susurrarnos. Desde el colchón se sienten las ondulaciones que insisten tranquilas en envolvernos. Las patas de la cama resbalan entre verdes y grises. La escalera del patio resignó siete de los trece escalones (suspira helada convirtiéndose en espejo), gana la luna, las reverberaciones, los brillos cegadores quebrándose en la cresta de una ola demasiado pequeña para merecer el rótulo de silábica. Pero nunca te gustaron los ruidos ni el ponerle nombres a las cosas, y la necesidad de los lazos siempre fue más corta que una décima de segundo. De ahí el quiebre con la persistencia acústica y la llegada de los ecos (y también, por qué no, las reverberaciones). Dijiste que esas no eran olas y tenías razón, las diferencias con los mares conocidos eran muchas y además obvias; pero pese a al refugio armado con botellas prestadas y vasos agrietados (fueron los que menos resistieron) no pudimos evitar que nos inunden las palabras. Soy yo quien se la pasa jugando con los nombres, hasta que no queda nada de donde agarrarse. Te nombré, nos nombré pero no nos nombramos. Y así te hiciste parte con el río de destellos tímidos y oscuridad plena. Así los escalones volvieron a quedar libres y yo, náufrago desnudo, amaneciéndote de espaldas.
Incendiario
Tu boca no sabe
de huracanes
ni de pausas,
de microcosmos
con estratagemas o
conquistas
postergadas,
aletargadas,
sinópticas,
lábiles o
indiferentes.
Tus labios imprimen
los pasos
sólo para poder hablar
de huellas,
de espacios
y ausencias,
de dicotomías infantiles,
del por qué
del metatarso,
de la falsabilidad del destino.
Otro patíbulo inmanente-nacarado
demonofáctico imbuído de desorden
sortílego, peltre entramado imbestido
y arbóreo,
coral,
epíteto o
translúcido.
PD: Y que la puma del tigre se haga cargo.
de huracanes
ni de pausas,
de microcosmos
con estratagemas o
conquistas
postergadas,
aletargadas,
sinópticas,
lábiles o
indiferentes.
Tus labios imprimen
los pasos
sólo para poder hablar
de huellas,
de espacios
y ausencias,
de dicotomías infantiles,
del por qué
del metatarso,
de la falsabilidad del destino.
Otro patíbulo inmanente-nacarado
demonofáctico imbuído de desorden
sortílego, peltre entramado imbestido
y arbóreo,
coral,
epíteto o
translúcido.
PD: Y que la puma del tigre se haga cargo.
viernes, 19 de junio de 2009
La postura
Porque la intención es otra y los caminos son todos. Insistir, insistir subiendo, creando, definiendo, estirar los brazos desde lejos (que ahí están, cerca, creciendo en espirales aunque a veces no llegan, carajo) a modo de marco, de recorte, de aislamiento, deviniendo silencio o música suave y hacer de tus manos un mar oscuro hasta perderse, llenarse la vida de brisa tenue, de marea de otoño. Las risas escapan a su posición celeste, las nubes de hojarasca se hacen piel. Vos, tu soltura y el desvelo; la ciudad un mismo insomnio, las preocupaciones arrastradas hacia bahías productivas, los desaciertos cotidianos y el mutismo del mundo. Vos, el sol y la palabra. Y la forma descarada de romper con las creencias, con las horas señaladas, con los paraísos perdidos, los vuelos atrapados, los días de nubes, los versos sin sentido y los ojos delineados.
sábado, 30 de mayo de 2009
Nosotros
-¿No era que éramos anarquistas?
Y el humo envolvía cada vez más la noche. Y todas las voces se fundían en una génesis cada vez más abstracta sobre una explicación posible para el mundo. Las copas se quiebran. Las generaciones se cruzan una y otra vez. Insisten, crecen, generan, cambian. Todas las tonalidades son aceptadas, dos dirígen, los otros impulsan. Choque innegable entre fuego cruzado. Dos son las voces que importan. Las dos que hacen puente cuando las miradas se esquivan. Sin embargo, sostienen el caos que desatarán luego. La pérdida gradual del único sentido se abre camino entre los pasos mal dados y alcanza la brecha inmensa que tapona el pasar del tiempo. ¿No era que éramos anarquistas? Pero el exceso necesario para combatir la presencia eterna del recuerdo, comienza a hacer síntoma en los diálogos más dulces.
-No se que fuimos, en realidad, ya no se bien qué es lo que somos.
El exceso ahí donde falta un brazo.
-Nos robaron la ilusión, ni la puta ilusión nos dejaron. Se llevaron a todos los que hacían que creas en los mundos imposibles. La ilusión, ¿Entendés? ¿Y no era que éramos anarquistas?
Los ojos se empapan. La violencia que empuja hace saltar las primeras lágrimas. Violencia obturada por la amargura, por sentir las manos cortadas, por dos hielos más en el vaso, por un último tema que la voz aplastada no nos deja decir. Alguien golpea la mesa.
- Por ahí ustedes sean los encargados de devolvérsela al mundo, ustedes que no tienen miedo. Ustedes, los que no se acuestan intentando el olvido... pero si los querés tanto, carajo. Porque fueron los mejores. Perdimos. No sé si somos anarquistas. No se, ¿Qué somos?
Y el humo envolvía cada vez más la noche. Y todas las voces se fundían en una génesis cada vez más abstracta sobre una explicación posible para el mundo. Las copas se quiebran. Las generaciones se cruzan una y otra vez. Insisten, crecen, generan, cambian. Todas las tonalidades son aceptadas, dos dirígen, los otros impulsan. Choque innegable entre fuego cruzado. Dos son las voces que importan. Las dos que hacen puente cuando las miradas se esquivan. Sin embargo, sostienen el caos que desatarán luego. La pérdida gradual del único sentido se abre camino entre los pasos mal dados y alcanza la brecha inmensa que tapona el pasar del tiempo. ¿No era que éramos anarquistas? Pero el exceso necesario para combatir la presencia eterna del recuerdo, comienza a hacer síntoma en los diálogos más dulces.
-No se que fuimos, en realidad, ya no se bien qué es lo que somos.
El exceso ahí donde falta un brazo.
-Nos robaron la ilusión, ni la puta ilusión nos dejaron. Se llevaron a todos los que hacían que creas en los mundos imposibles. La ilusión, ¿Entendés? ¿Y no era que éramos anarquistas?
Los ojos se empapan. La violencia que empuja hace saltar las primeras lágrimas. Violencia obturada por la amargura, por sentir las manos cortadas, por dos hielos más en el vaso, por un último tema que la voz aplastada no nos deja decir. Alguien golpea la mesa.
- Por ahí ustedes sean los encargados de devolvérsela al mundo, ustedes que no tienen miedo. Ustedes, los que no se acuestan intentando el olvido... pero si los querés tanto, carajo. Porque fueron los mejores. Perdimos. No sé si somos anarquistas. No se, ¿Qué somos?
domingo, 10 de mayo de 2009
Morder
Insisto en que se acerque. Se hace ovillo en la infinitud de la piel. Es párpado envolvente, es toda mirada, acecho desnaturalizador, expectativa. El silencio de supresión de voces se hace estéril, casi como en acuerdo tácito que solo hace mirada. Mirada pura. Dos ojos bocas. Mirada dirigida irrefrenable, analizadora, analizante, más mirada que voz. Acercate. No pienses más y acercate, no hay más que tranquilidad y calma y todo se teje como la red más dulce y envolverse es la mejor opción de todas porque hay ojos y nada más que ojos y no son ojos boca, es silencio contenedor y tentativo, y la piel abriga. El hueco en la cama apareció recién cuando miraste y te juro que antes no estaba y eso que estás tan cansada que los ojos boca, no, los sin boca te esperan retornando, haciendo ecos enormes como faros y si los ojos son tan inocentes no te escapes que es un paso más y ya casi puedo inundarme de tus colores perfumados y tu piel brillante. El primer pie se sumerge en punta tanteando la temperatura del agua que es una fina y suave telaraña que se resquebraja a propósito para que vuelvas a creer en la fragilidad y antes de empapar el segundo pidas disculpas y extiendas tus manos para disculparte con el cuerpo y envolverlo todo.
Y ahí se materializa el lago entramado y las redes te cubren por completo. Los ojos-boca se cierran y ahora el silencio es necesario, salvo por los jadeos de la sonrisa que todavía te escurre, delicada, carmín, transparente, y te escurrís en cámara lenta para ser lago y yo, sumergido, vuelvo a insistir.
Y ahí se materializa el lago entramado y las redes te cubren por completo. Los ojos-boca se cierran y ahora el silencio es necesario, salvo por los jadeos de la sonrisa que todavía te escurre, delicada, carmín, transparente, y te escurrís en cámara lenta para ser lago y yo, sumergido, vuelvo a insistir.
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